El Costo de una Meta
Muchas veces pensamos que abandonamos nuestras metas por falta de disciplina o motivación.
Pero ¿y si el verdadero problema fuera otro?
La mayoría de las metas no se abandonan porque no las queramos, sino porque no sabíamos lo que iban a costar.
Toda meta tiene un precio: tiempo, energía, incomodidad emocional, disciplina y, muchas veces, un cambio de identidad. Eso no significa que algo esté mal. Significa que estás creciendo.
Nuestro cerebro busca placer, evita el dolor y quiere ahorrar energía. Por eso, cuando eliges una meta que implica esfuerzo, aparece la resistencia. No es falta de capacidad; es biología.
Aquí entra un concepto clave: los subproductos.
Mientras intentas una meta, aunque no la logres de inmediato, estás creando algo valioso: fortaleza emocional, claridad, disciplina, confianza y autoconocimiento. Eso nunca se pierde.
Las metas no existen para eliminar los problemas de la vida. La vida seguirá siendo 50/50.
El verdadero propósito de una meta es crecer, explorarte y vivir con más intención.
Por eso, antes de abandonarla, vale la pena preguntarte:
¿estoy dispuesta a pagar el costo de intentarlo?
¿y cuál es el costo de no intentarlo?
No se trata de exigirte más, sino de pensar mejor.
De aprender a leer la factura antes de decir que sí.
🎧 Si este tema resonó contigo, escucha el episodio El Costo de una Meta.